No soy la madre perfecta, no estoy cerca de serlo, pero sé que soy la madre que el necesita.

Recuerdo que desde el momento en el que vi el primer ultrasonido, al que por cierto no le entendía nada, mi cabeza comenzó a llenarse de ideas sobre cómo sería ser mamá.

 

 

 

Tenía frente a mí la oportunidad que siempre había deseado, las ganas de no repetir nada de lo que mi mamá había hecho conmigo y la enorme expectativa de tener al ser humano perfecto, mi hijo, al que vestiría como un pequeño caballerito, con el que me disfrazaría para inventar historias fantásticas, con el que jugaría por horas por que esa sería una de mis prioridades, a quien educaría sabio para tomar sus propias decisiones (por su puesto una sabía decisión sería obedecer a mamá) sería un buen estudiante y yo por supuesto una buena madre con la que el siempre tuviera ganas de hablar y comunicarse.  

 

Mi vida ahora si era perfecta, me imaginaba feliz de tiempo completo, llenita, totalmente llenita de amor. 

 

Los papás a los que les daba estimulación temprana y escuela para padres en ese entonces al ver mi pancita me decían que jamás tendría de que preocuparme pues me las sabía de todas todas. ¡Oh sorpresa!, ¡¡¡Yo no sabía nada!!! Nada de la maternidad, y sobre todo bien poquito sobre mí. 

 

Hoy a poco más de 13 años de comprobar mi embarazo sigo aprendiendo, y cada día sigo soltando, o al menos tratando de soltar las enormes expectativas que aquel día me forme. Uno de mis más grandes retos como madre es reconocer las diferencias entre mi hijo y yo, respetar su forma de pensar y de ser sin dejar de lado aquellos aspectos que refuerzan su desarrollo y alimentan su espíritu porque esas serán las herramientas de vida que debo dejar en él.

 

 

Algunas veces tenemos choques emocionales, ahora que inicia su adolescencia, muchas veces más de las que ambos quisiéramos

 

, es difícil reconocer y recordar que estos son necesarios para que él me suelte, para que sea ese hombre libre e independiente que soñé que alguna vez fuera.

 

 Es difícil confiar todos los días en que estoy haciendo un buen trabajo

 

pero si recuerdo todos los días que lo amo con todo mi ser y eso me impulsa a seguir aprendiendo y a seguir buscando ser una mejor versión de mi misma.

 

No soy la madre perfecta, no estoy cerca de serlo, pero sé que soy la madre que el necesita, y él el hijo que necesito para este camino de aprendizaje y retroalimentación con la vida.

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